El microcuento también vale

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El microcuento o microrrelato es uno de los géneros literarios menos difundidos. Pierde en popularidad con respecto a la poesía y al cuento, y mucho más con respecto a la novela, que es la preferida del mercado editorial. Sin embargo, eso no quiere decir que el microcuento no se lea y, mucho menos, que no se produzca. Muy lejos de ello, es un género que se adapta bien a algunos espacios y que, en algunos entornos más que en otros, sigue moviéndose constantemente.

Que el microcuento sea de los géneros menos preferidos por el público consumidor no significa que deba ser dejado de lado, que carezca de importancia o que no merezca la pena trabajar y perfeccionar la técnica de su escritura. Todo lo contrario: su extrema brevedad, característica esencial, hace que los escritores deban ser en gran medida concientes de cada palabra que usan, práctica que no por breve resulta más más simple.

A raíz del certamen de microcuentos que organiza esta revista y de algunos aspectos vistos durante el proceso de lectura y selección, decidimos proponer algunas sugerencias para la escritura de microcuentos. Para ello también nos hemos puesto en contacto con varios cultores del género seleccionados en nuestro primer certamen: Judith Álvarez, John Self, LiteraturAnzoátegui, Clara Belén Gómez e Iván Mayayo Martínez.

Sabemos que los consejos de este tipo abundan en otros medios, pero esperamos que los siguientes puntos, que en general no se suelen mencionar, resulten de utilidad a quienes quieran escribirlo.

1 – Condensar y precisar

Para Judith Álvarez, un buen microcuento debe ser, entre otras cosas, “lo más conciso posible”. En el microcuento, breve por definción, hay que decir mucho con pocas palabras. Por lo tanto, es preciso utilizar los recursos necesarios para acortar la extensión, como la omisión, generalización, etc. Además, buscar y rebuscar las palabras más precisas, es decir, aquellas que sirvan para expresar exactamente la idea que tienes en mente y que, de otro modo, tendrías que desarrollar en una frase.

2 – Personajes

Sin personajes no hay agentes de al acción y el argumento puede resultar demasiado abstracto, poco concreto y tangible. Si aparecen personajes habrá acciones y el argumento resultará más atractivo y sensible por los lectores.

A partir de un personaje y de sus acciones o diálogos (que deberán ser breves) también se puede evocar un trasfondo o sugerir lo que está implícito.

3 – Globalidad

“El castellano debe ser entendido por toda la comunidad hispanoablante, a no ser que los localismos quieran figurar los rasgos de un personaje (…)”, nos dice LiteraturAnzoátegui.

No está mal utilizar términos o expresiones regionales. De hecho, a menudo su uso resulta en un enriquecimiento del texto. Sin embargo, hay que evitar utilizarlos cuando su presencia no tenga un propósito definido. El texto será leído, probablemente, por gente de todo el mundo, y muchas veces ciertas palabras o usos particulares pueden ser desconocidos para algunos lectores.

4 – Tiempo acotado

No es bueno intentar desarrollar problemas demasiado extensos en el tiempo, ya que la brevedad del microcuento no deja lugar a ello. En cambio, mediante un acontecimiento breve se puede mostrar un gran trasfondo.

En vez de explicar el contexto o situación del mundo ideado, puede haber alguna referencia a este a partir de un diálogo o de una descripción que de a entender lo que se quiere mostrar. Iván Mayayo Martínez apoya esta idea cuando dice: “creo que un microcuento debe ser una historia (…) que tenga capacidad de evocar el pasado. Me parece fundamental que el cuento sugiera al lector todo lo que ha ocurrido hasta llegar al punto en el que comienza a leer”. Es decir que el problema planteado no tiene por qué ser simple, pero no hay necesidad de que sea narrado para que el lector lo conozca: puede ser sugerido a partir de otras cosas. LiteratuAnzoátegui expresa una idea similar: “La historia es más interesante cuando la acción principal ya ocurrió y empiezo a contar las secuelas de aquello”.

5 – Sorpresa

Para John Self, “un microcuento debería conmover, sorprender y provocar una sonrisa”, o al menos una de estas cosas.

Una narración puede ser interesante y estar magníficamente escrita, pero todo ello puede no ser suficiente. Tal vez no para dejar una marca, pero al menos para generar alguna impresión, un detenerse a mirar y volver a leer o un llamado de atención, un microcuento tiene que provocar sorpresa en quien lo lea. Así lo atestigua también Clara Belén Gómez:

(…) lo que a mí me llama la atención es la capacidad de sorprendernos que tienen muchos autores en un espacio de texto tan condensado. Me parece importante que tengan algo interesante que contar , de forma creativa y original, con giros inesperados (…)

Eso puede lograrse a través de la originalidad de la idea general (tanto en el argumento como en la forma en que está escrito) o a través de un giro inesperado en el final. Es necesario trabajar concientemente la forma en que el lector lleva a cabo el proceso de lectura para reconocer cuáles son los tópicos, formas y finales esperables y buscar la forma de subvertirlos.

Judith Álvarez va un poco más allá cuando afirma: “tramo una historia que tenga un final inesperado, acorde con todo lo relatado, pero que dé qué pensar”. Es decir, no solo debe sorprender, sino también extender el tiempo de la lectura al tiempo posterior, el de la reflexión, a través de planteos que generen dudas o preguntas.

6 – Relevancia

No se trata solo tomar una idea grande y expresarla con pocas palabras, como si quisiéramos comprimirla. Hace falta centrarse en lo esencial. La brevedad del microrrelato no admite que se trate más de un tema: pretender decir muchas cosas terminaría resultando en un recorte empobrecedor. Por lo tanto, no solo el argumento debe resultar interesante, sino que además el texto no debería contener nada que no sume a la idea global que desea transmitir. Si hay algo más que decir, siempre se puede hacer en otro texto: el mundo habrá ganado entonces dos buenos microcuentos.

Además de no perdernos en el mar de las ideas que nos gustaría contar, se trata de no decir mucho por fuera de lo central; es decir, evitar descripciones innecesarias. Clara Belén Gómez lo resume a la perfección: los microcuentos deben tener “un final concluyente, porque a veces me ha ocurrido que me he entusiasmado en describir situaciones, lugares…, y he olvidado contar una historia”. Es fundamental, entonces, recordar que el microcuento es un género casi exclusivamente narrativo. Las descripciones, si no son fundamentales para comprender la historia, están de más.

7 – Revisión

Que se trate de un texto breve y que, en relación con otros tipos de textos, demande poco tiempo, no significa que tengamos que dejarlos salir de nuestra cabeza como ristra. Más bien, su corta extensión es motivo de que prestemos especial atención a cómo está escrito. Nunca se debe enviar o publicar un texto sin revisarlo primero, preferentemente varias veces. Una etapa importante es investigar aquellas palabras que no se esté seguro de cómo se escriben. Otra buena idea es leerlo en voz alta, ya que esta práctica ayuda a detectar errores, sobre todo de puntuación, repeticiones innecesarias, frases malsonantes y demás.

Por otro lado, la revisión a veces puede no tratarse de perfeccionar el texto, sino de borrarlo y escribirlo de nuevo. No hay formas perfectas, pero sí hay algunas mejores que otras para transmitir una idea específica, para centrar la atención sobre algo, para generar intriga, sorprender y demás. Al respecto, John Self aporta su propia experiencia: “Muchas veces resulta mal a la primera, entonces debes intentar una variante que enriquezca el relato”. El microcuento, como todo texto, requiere cuidar mucho de su forma y que nos tomemos todo el tiempo necesario para ello.

8 – Experimentar

No hay por qué quedarse con el clásico relato y su estructura definida: se puede cambiar la secuencia, probar con distintos subgéneros, mezclarlos, introducir formatos propios de otros géneros no literarios. No hay que tener miedo de intentar cosas nuevas y dejar volar la imaginación.

Además, como en toda disciplina, hay que formarse. LiteraturAnzoátegui lo afirma así también al explicar cómo busca llegar a escribir un buen microcuento: “Leo, leo, leo. Escribo, escribo, escribo, y luego sigo leyendo y leyendo. Por ahí dicen que la literatura se nutre de la literatura. Al parecer todo se ha escrito, el asunto es cómo lo cuentas”. Resulta fundamental que el escritor lea mucho, que explore, que observe qué temas se tratan en la literatura, para no repetirlos o para renovarlos, para inspirarse, para estudiar nuevas y viejas formas.

Las técnicas

A continuación compartimos algunos fragmentos de las entrevistas que responden a las pregunta “¿Qué caminos tomás para lograr los fines que perseguís al escribir un microcuento”.

Tengo un camino muy bien establecido para escribirlos [a los microcuentos] (que lógicamente vaga por algunos zigzags); primero tomo una idea que me emocione, para el pie y de ahí, casi siempre con toques de fantasía o surreales, tramo una historia que tenga un final inesperado, acorde con lo relatado, pero que dé qué pensar.

Judith Álvarez

Llega de improviso, generalmente es una idea que me está dando vueltas y de pronto ya lo tengo. Muchas veces resulta mal a la primera, entonces debes intentar una variante que enriquezca el relato.

John Self

La historia que cuento en verdad, no lo termino con un juicio de moral o cosa por el estilo (…). Leo, leo, leo. Escribo, escribo, escribo, y luego sigo leyendo y leyendo (…). El lenguaje no debe ser pesado, porque impacienta al lector y quizá decida abandonar la lectura de alguna historia. Evito en lo posible la voz pasiva. (…) Los “érase una vez…” matan la historia desde el comienzo (…) los clichés denotan poca creatividad. La historia es más interesante cuando la acción principal ya ocurrió y empiezo a contar las secuelas de aquello. Los detalles deben ser adecuadamente los administro, la sugerencia es mi camino. Las palabras cortas son ideales para Twitter.

LiteraturAnzoátegui

No planifico nada, salvo en los retos de Twitter, cuya extensión es muy limitada. En esos casos, esbozo la idea y después depuro lo máximo que puedo, dentro de mis limitaciones, claro, porque me queda mucho por aprender.

Clara Belén Gómez

Siempre parto de una idea que conduce a imágenes. Me considero muy visual, intento plasmar esas imágenes de manera que el lector pueda visualizarlas, o construir una versión nueva.

Iván Mayayo Martínez

Esperamos que el artículo sea de interés para los lectores y de utilidad para los escritores y los invitamos a compartirlo en diferentes redes sociales.

Por último, queremos agradecer a los autores entrevistados, que han tenido la bondad de prestarnos su tiempo:

  • Judith Álvarez Aguirre (@DraJ2003)
  • John Self (@noctambulo21)
  • LiteraturAnzoátegui (@LiteraturaAnz)
  • Clara Belén Gomez (@clarabelengomez)
  • Iván Mayayo Martínez (@ivanmayayo)

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Nicolás Oleinizak

Paraná, Entre Ríos, Argentina

http://supraversum.com

Categorías en que participa: Ficciones, Reseñas, Artículos, Ilustraciones.

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Director de Revista Supraversum. Profesor en Lengua y Literatura. Se desempeña como docente de Literatura y de Latín. Escritor de fantasía y ciencia ficción principalmente.