El punto débil de la cotidianeidad

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Oraciones cortas, una forma contraria a la enumeración, un lenguaje llano y directo: así está compuesto el método que Schweblin despliega en Pájaros en la boca en pos de la creación de una atmósfera cargada de un aire irreal y realista a la vez. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que las situaciones cotidianas son sometidas a una operación de extrañación cuyo desenlace psicológico es que les pueda caber el nombre freudiano de lo Unheimliche, es decir, aquél vocablo alemán que es índice de situaciones que son tan familiares como desconocidas. 

pájaros en la boca
Pájaros en la boca y otros cuentos, editado por Random House

Hay misterio pero también hay una conversación con lo típico, hay situaciones exóticas pero también los personajes reaccionan como si nada lo fuera: todo se neutraliza y se compensa. Es como si la autora entendiera que para constituir un cuento de terror alcanza con hacer de lo familiar, de lo regular, un asunto extraño, hostil, irregular. Un mozo que no puede hacer su trabajo, que el hombre de tu vida te abandone, un peón haciendo un pozo, unos empleados de una estación de tren empachados de burocracia, y así sucesivamente: Schweblin piensa historias normales y le inyecta a cada narración la sustancia del misterio, o sea, la imposibilidad de la explicación. El mozo, entonces, no es un simple mozo sino un misterioso mozo, un enigma introducido a la fuerza en el orden de las cosas. 
El caso más paradigmático es el de la angelical hija que se come de un bocado pájaros vivos. Ni se encarga de desplumarlos. En este caso -el cuento se llama como el libro-, se da también el estado de intromisión de lo extraño en lo familiar: la niña siempre bien peinada (lo familiar) es la misma niña que se devora pájaros vivos (lo extraño). Ahora bien, ¿dónde está el misterio? ¿qué es más misterioso: el hecho de que coma pájaros o, más bien, el hecho de que pese a ello la niña sostenga su semblante de niña bien, angelada, bella? A este tipo de preguntas y a la verdad impostergable de que la normalidad es un edificio débil que tambalea ante la más mínima brisa somos invitados a través de la lectura de los dieciocho relatos compilados en Pájaros en la boca.

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Facundo Blachére

Ciudad de Buenos Aires, Argentina

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Un estudiante de psicología peleado desde el vamos con la psicología, es decir, un interesado en los asuntos del psicoanálisis que un día Freud inventó y otro día Lacan rescató de ciertas amarras demasiado bienintencionadas.