Jodorowsky´s Dune

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Hay proyectos tan ambiciosos y faraónicos en su ejecución, que están destinados a ser un imposible. La historia del cine está lleno de ellos, y de todos ellos, el más grande (por irrealizable) es sin duda ese Dune lisérgico como un viaje de LSD, que imaginó el cineasta chamánico Alejandro Jodorowsky. El cual estaba destinado a no ver jamás la luz, no solo por adelantarse décadas en su grandeza a las grandes superproducciones actuales, sino incluso con ser más ambicioso a un nivel intelectual que esas mismas piezas faraónicas made in Hollywood, no muy caracterizadas por su profundidad. La saga de Frank Herbert, que fue para muchos la transición entre la ciencia ficción de la edad de oro clásica y la Nueva ola de los sesenta, ya despertó el interés del magnate Arthur P. Jacobs (El planeta de los simios), pero a su muerte se pasó el relevo al francés Michel Seydoux, que tras el éxito internacional de La montaña sagrada, le da carta blanca a Jodorowsky. Su Dune nació como un blockbuster de “arte y ensayo”, un imposible dirían algunos. De producción francesa y presupuestado en unos quince millones de dólares, que apenas se hubiesen quedado en un pellizco apenas se comenzara la producción, siendo realistas.

Jodorowsky venía del más radical cine underground, proveniente de México. Su ópera prima Fando y Lys (1967) provocó un escándalo nacional y estuvo a punto de ser destruida. El topo (1971) es un western surrealista y uno de los mayores filmes de culto en las salas de arte y ensayo. La montaña sagrada (1973), hacía alusión a la matanza de estudiantes en México D.F. en el 68, y tuvo que concluirse en otro país. Pero Dune, nació tan ambiciosa, que ya desde sus inicios se revelaba un delirio imposible. Demasiada grandeza en unos extraordinarios diseños a cargo de Hans Rudi Giger, Chriss Foss, Ron Cobb o el extraordinario Jean Giraud Moebius (story boards), que se adelantaban años a su tiempo. Música a cargo de los Pink Floyd y una duración estimada en unas diez horas. Demasiados medios requeridos para un presupuesto que se congeló, apenas habían gastado unos tres millones de dólares en mover una producción que había convocado un casting con Salvador Dalí (Emperador), Orson Welles (Barón Vladimir Harkonen), Charlotte Rampling (Lady Jessica), Mick Jagger (Feyd Rauta), David Carradine (Duque Leto Atreides) o Udo Kier (Peter de Vries). El hijo de Jodorowsky, Brontis, sería Paul Atreides. Pero a los grandes estudios de Hollywood les asusta Jodorowsky. Demasiado radical para su gusto, demasiado personal. Douglas Trumbull se olió el desastre en el que acabaría el asunto y se negó a perpetrar los efectos visuales.

Su lugar lo ocuparía el joven Dan O´bannon, el cual venía de realizar con John Carpenter Dark Star (1975). Pero O´bannon salió escaldado del fiasco del sueño imposible de Jodorowsky; perdió su piso, sus cosas y casi su cordura en el proceso, y sospecho que no fue el único. De su experiencia brotó un milagro: el guion de Memory, futura semilla de Alien. Incluso de las peores experiencias se puede sacar oro puro. O´bannon escribió para Moebius el guion de The long tomorrow considerado uno de los mejores comics de la historia. El mismo Jodorowsky se consolidó como guionista de comics para Moebius (El incal) o Juan Gimenez (La casta de los meta Barones). Algunos incluso piensan con el paso de los años, que ese Dune se limitó a ser desde su inicio una performance surrealista, propia de las que realizaba Jodorowsky con el equipo “Pánico”, del que también formaron parte Ronald Topor y Fernando Arrabal. Sí, fue una performance demasiado costosa. En 1980, el magnate Dino de Laurentis y su hija Raffaela compran los derechos y le ofrecen la dirección a Ridley Scott. La producción se alarga y Scott abandona para ser sustituido por David Lynch; uno de los grandes. Pero el Dune de Lynch nace con pies de barro. Un rodaje infernal en México, y un presupuesto que fue mucho menor de lo que se quiere reconocer. Unos hablan de 75 millones de dólares, otros de solo 30. Laurentis rodaba su Dune al mismo tiempo que Conan el destructor, para abaratar costes. Su brillante diseño de producción de Anthony Masters (2001), no oculta unos efectos especiales que ya eran anacrónicos en su época de estreno (1984). Se llegó a rodar cinco horas de metraje y se montaron solo 137 minutos por imposiciones de la industria en su momento. Y sin embargo Lynch tiene una personalidad demasiado poderosa como para hacer una película de usar y tirar. Su Dune es una experiencia fascinante si atendemos a los pequeños detalles, como el fetichismo post-industrial de los Harkonen. En el 2000, el canal SCI FI produce una versión televisiva filmada por John Harrison, músico fetiche de George A. Romero, pero su pequeño presupuesto no da la talla para la inmensidad que requiere la grandeza de la obra original. Ahora Dennis Villeneuve ha logrado filmar su Dune bajo producción de “Legendary estudios” (300, de Zack Snyder). Me encanta su look medieval tras visionar el trailer, y espero que en esta ocasión se le haga justicia.

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Jota Zarco

Valencia, España

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Amante de lo fantástico en todas sus formas. Ha incursionado en literatura, cine, fotografía y teatro, así como en el periodismo cinéfilo y musical. Es miembro de diversas asociaciones vinculadas a la literatura de género.