¿Monstruos entre nosotros?

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El monstruo es una figura común a toda la literatura universal, con muchísima antigüedad y continuidad. Ya se encuentra en la tradición oral, a través de los cuentos populares y los poemas épicos, como la Odisea. Existe en diversas mitologías, desde la griega hasta la china, y en los libros religiosos, como la Biblia. Mediante las manifestaciones literarias y también artísticas en las que aparece se puede notar que hay una gran cantidad de seres, con diferentes atributos, que son considerados monstruos. 

monstruos

Según se cuenta en el capítulo “Monstruos y portentos” de la Historia de la fealdad dirigida por Umberto Eco, es posible que en el mundo occidental hayan surgido relacionados con los portentos o prodigios, sucesos extraños o maravillosos considerados signo de catástrofe inminente. En la Historia se supone que especialmente los nacimientos anómalos fueron inspiración para el mito del andrógino de Platón y la invención de otras criaturas increíbles que se decía que vivían en Asia o África. También se menciona que los mismos animales de esas zonas lejanas y desconocidas eran pensados como monstruos, en particular en la Antigüedad clásica. Más adelante, ya en el Medievo, aparecen en los primeros libros dedicados exclusivamente a compilar seres extraños: los bestiarios. También asoman en herbarios, enciclopedias, lapidarios y relatos de viajes. Con el auge del Cristianismo durante estos años, los monstruos, ya objeto de fascinación, se convierten también en hijos de Dios. Lo dice San Agustín en La ciudad de Dios, donde manifiesta que Él los creó con un propósito, tienen alma y son expresión de su extraordinario poder. En los bestiarios se los empieza a asociar con enseñanzas morales. Los monstruos son redimidos por algunos siglos, pero hacia el XIX todo cambia: todavía forman parte del imaginario, pero la visión sobre ellos ha cambiado, la desconfianza es total y comienzan a protagonizar las ficciones de terror.

En el primer capítulo de Imágenes, imágenes… (Sobre los poderes de la imaginación), Roger Caillois da una explicación de esta transición. Relaciona la cuestión con el racionalismo reinante y dice que el terror sobrenatural surge como una suerte de oposición a éste. El Siglo de las Luces, plantea, culmina con “un resplandeciente impulso de lo maravilloso. Florecen todas las supersticiones, y con tanto más éxito si adoptan alguna apariencia científica” (1970:21). Precisamente ya a fines del XVIII, con el gótico, seres aterradores empiezan a hacer aparición en la literatura. A partir de 1820, indica Caillois, surgen los textos más representativos de lo que será el fantástico del XIX, de la mano de autores como Poe, Hoffmann, Gogol, Le Fanu y muchos otros. Sus ficciones, terroríficas, estarán repletas de fantasmas, demonios, vampiros, autómatas y otras criaturas horripilantes y maléficas. 

En Lo fantástico en la literatura y el cine. De Edgar A. Poe a Freddy Krueger, texto crítico de Daniel Ferreras Savoye, también hay referencias a este cambio y a la aparición de nuevos monstruos. Es especialmente interesante la alusión a una crónica redactada por Maupassant titulada Lo fantástico, donde el autor manifiesta que el hombre del XIX tiene miedos diferentes a los de sus predecesores, principalmente por los progresos técnicos que han cambiado su visión del mundo y reorganizado las estructuras sociales. Por lo tanto, sostiene el escritor francés, los lectores ya no son tan crédulos ni supersticiosos como antaño y son necesarios nuevos temas.

Por lo tanto, cabe preguntarse: en estos últimos siglos, ¿qué se puede considerar un monstruo? En el artículo “¿Para qué los monstruos?” de Raúl Dorra se sugiere una definición interesante: 

El monstruo suele definirse en relación con una norma que resulta violada; es una deformación o un desvío del orden natural o del orden divino, es una desmesura o una carencia que violenta la armonía de los seres. Puede tratarse de un desorden físico […] pero también de un desorden moral […] o incluso estético…

(1994:19) 

Una acepción del término más moderna es la que propone el Diccionario de la lengua española de la RAE: “un ser fantástico que causa espanto”. Esta definición permite considerar como monstruos a una gran cantidad de seres conocidos de la literatura.

Para finalizar este análisis les proponemos la lectura de algunos textos fantásticos con monstruos:

  • “El Horla” (1887) de Guy de Maupassant.
  • “Esa maldita cosa” (1893) de Ambrose Bierce.
  • “There are more things” (1975), de J. L. Borges.
  • El horror de Dunwich  (1929) de H. P. Lovecraft
  • Coraline (2002) de Neil Gaiman
  • It (1986) de Stephen King

Bibliografía:

CAILLOIS, Roger (1970): “De lo maravilloso a la ciencia ficción” en Imágenes, imágenes… (Sobre los poderes de la imaginación). Barcelona, Edhasa. 

CALVINO, Italo (ed.) (1983): “Introducción” en Cuentos fantásticos del XIX. Barcelona, Siruela. 

DORRA, Raúl (octubre- diciembre de 1994): “Para qué los monstruos” en Elementos, vol. 3, n°22, pp. 13-19. Disponible en: https://elementos.buap.mx/directus/storage/uploads/00000002798.pdf

ECO, Umberto (dir.) (2007): “Monstruos y portentos” en Historia de la fealdad. Barcelona, Lumen.

FERRERAS SAVOYE, Daniel (2014): Lo fantástico en la literatura y el cine. De Edgar A. Poe a Freddy Krueger. Madrid, ACVF Editorial

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Aniela Arias

Paraná, Argentina

Categorías en que participa: Artículos, Equipo editorial.

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Profesora en Lengua y Literatura. Ejerce la docencia en nivel medio. Lectora voraz y amante de la literatura de terror.