Stalker: los humanos somos hormigas

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Los rusos Boris (1931-2012) y Arkadi Strugatski (1925-1991), fueron junto al magistral polaco Stanislaw Lem, los escritores de ciencia ficción más populares durante la unión soviética y después. Para muchos, su obra maestra (o en su defecto, su obra más popular) es la novela “Picnic junto al camino”. Conocida popularmente como Stalker (rastreador en inglés). La trama central de la novela parte de una idea no ya brillante, sino sencillamente deslumbrante, más imaginativa que la media en el género y en sus colegas americanos. Imagínense un coche descapotable recorriendo una carretera en una apacible tarde de verano. Dentro del vehículo va un grupo de amigos que, en un momento dado, deciden hacer un alto en el viaje e improvisar un picnic junto al camino. Tras la comida y la conversación de turno, deciden seguir viaje y abandonan los restos de su almuerzo a su suerte, junto a botellas de cristal y envoltorios de plástico. El coche abandona el lugar y al cabo de un tiempo; quizá horas o minutos, una horda de hormigas y otros insectos llegan a los restos en busca de alimento y parasitan los objetos allí acumulados buscando restos orgánicos que poder consumir a la desesperada. La comida es su principal objetivo, pero también es posible que esas hormigas se queden extrañadas ante las botellas y los envoltorios de plástico y se pregunten: “¿Qué es esto y para qué sirve?”. En Stalker, una raza de extraterrestres pasó apresuradamente por la tierra y dejó a su paso un “regalo” particular. Una extensión de naturaleza alienígena consciente. De influencia telepática sobre los pensamientos de aquellos que la investigaban y que fue acordonada por orden de los científicos, llamándose popularmente “la zona”. Pues esta posee conciencia propia y sufre un constante estado de mutación física a partir de la lectura de los pensamientos de los “Stalkers”; cazadores clandestinos de material extraterrestre que se saltan los controles militares y se adentran en el páramo alienígena, en busca de un material ajeno a la condición humana, para vender en el mercado negro. Tarea extremadamente peligrosa, pues un pensamiento inapropiado y una actitud agresiva, o un rumbo mal elegido, pueden  provocar la muerte de los Stalkers a manos de “la zona”. Escrita a lo largo de 1971 y publicada en 1972 para una revista juvenil; Avrora, pues la ciencia ficción (mal que nos pese), en todas partes y también en Rusia, siempre quedó relegada a una rama literaria menor de la literatura “popular”; o llámese de género. Algo que hace siempre fruncir el ceño a los académicos y dogmáticos de las academias literarias, empeñados en clasificar la escritura “realista”, como la única aceptable a un nivel social e intelectual. Nada nuevo por otra parte.

En 1977, con producción de la Mossfilm (la productora principal de la rusia de aquel periodo), el célebre cineasta Andrei Tarkovski decide reincidir en la ciencia ficción tras su magnífica Solaris (72) que adaptaba el clásico del polaco Stanislaw Lem, y elige la obra de los Strugatski, que además, escriben el guion dramatizado del filme. El rodaje en Estonia es duro por las condiciones climáticas y el perfeccionismo de Tarkovski, no menos temible a la hora de repetir tomas que Stanley Kubrick o Akira Kurosawa. Con el rodaje ya concluido, ocurre un repentino “accidente” que destruye los negativos del copión original en los laboratorios de Mossfilm para desesperación de Tarkovski, que siempre sospechó (junto a todos los cinéfilos hasta el día de hoy), que el incendio fue intencional, pues Tarkovski era un humanista que nunca simpatizó con el régimen soviético. Contra todo pronóstico, un poso de “dinero sobrante” le permite volver a rodar, y en 1979 estrena por fin Stalker, una de las cumbres de la ciencia ficción cinematográfica, que a diferencia de lo que podría pensarse, no es una adaptación literal de la novela de los Strugatski sino una libre (y fabulosa) interpretación de la misma. Aquí el alienígena no es una metáfora del extranjero, el extraño o el invasor, como siempre fue tradición en la sci-fi anglosajona, sino algo realmente distinto a nuestra escala de conocimientos. Una naturaleza viva, ajena y consciente de sí misma que desafía nuestra capacidad de comprensión. Los Strugatski concibieron otras obras igualmente influyentes, como las novelas Qué difícil es ser Dios y Ciudad maldita, o el relato “El lunes empieza en sábado” entre otras. Pero ninguna alcanzó la repercusión de Stalker, de la que han llegado a hacerse incluso videojuegos. Pues ya sea la novela o la película, ambas obras son pieza maestra. 

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Jota Zarco

Valencia, España

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Amante de lo fantástico en todas sus formas. Ha incursionado en literatura, cine, fotografía y teatro, así como en el periodismo cinéfilo y musical. Es miembro de diversas asociaciones vinculadas a la literatura de género.