Una lectura sobre lo fantástico en algunos relatos de Daphne du Maurier

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¿No cree que es eso precisamente lo que la literatura debe hacer? ¿Provocar desasosiego?

Antonio Tabucchi

Hace poco llegó a mis manos un ejemplar usado de Los pájaros de esta autora británica. Como en la portada hacía referencia a Hitchcock pensé que se trataba de un largo relato en el que estaba basado la película homónima. Pero, para mi sorpresa, el libro en realidad era una compilación de narraciones, algunas extensas, que incluía textos como “El manzano”, “Monte Verita” y “El anciano”, de naturaleza aparentemente fantástica.

En algunos de los cuentos de esta compilación lo fantástico apenas se insinúa, se sospecha, y a veces, se confirma. En otros, en cambio, lo fantástico se desvanece con una estocada de realidad. Esto último sucede, por ejemplo, en el cuento titulado “Bésame otra vez, desconocido”, donde un joven exmilitar conoce a una acomodadora del cine, que lo atrae de inmediato y con la que vive una noche que termina en el cementerio. La naturaleza misteriosa de la joven, de la que no se sabe ni siquiera el nombre, nos hace sospechar de inmediato. Sin embargo, hacia el final, sus acciones evidencian que a pesar de sus hábitos extraños es un ser de carne y hueso.

En otro de los relatos del libro, titulado “El manzano”, un anciano recuerda a su esposa recientemente muerta, a la que no apreciaba demasiado por su carácter y su afán por la limpieza. En este texto, que considero el mejor del libro, la esposa se ve reflejada en un manzano casi muerto que repentinamente vuelve a la vida, pero que tiene cualidades extrañas: “El árbol había florecido. Pero en vez de florecer a la vida y a la belleza se había torcido en su desarrollo y por efecto de alguna característica de su naturaleza, se había convertido en un monstruo”. El narrador omnisciente cuenta los hechos desde la perspectiva del personaje principal, que siente su vida desdichada por la presencia del manzano viejo: el humo de su leña lo enferma, sus manzanas le saben podridas y el solo verlo, le provoca aversión. Además, el anciano lo compara de manera constante con un manzano joven, sano y fuerte, que podemos pensar, le recuerda una muchacha con la que tuvo una breve aventura.

Durante todo el relato lo fantástico sobrevuela, pero provoca dudas, ya que el hombre viejo es el único que desdeña el manzano, mientras que otros personajes, como el jardinero y la asistenta, lo aprecian, incluso pareciera que más que a los otros. Este texto, al igual que varios más, tiene un final abierto, pero sugerente.

El único de los cuentos fantásticos que tiene un final cerrado es “El anciano”, donde un hombre cuenta a otro sobre sus vecinos, que llamaban la atención por su modo de vida apartado y sus costumbres extrañas. El conflicto se suscita cuando uno de los hijos del vecino vuelve al hogar, en vez de comenzar a valerse y vivir por sí mismo. El tema, propio del fantástico que aparece en este cuento, y que se ve hacia el final, son las metamorfosis o transformaciones.

En estos dos últimos cuentos son centrales las relaciones familiares, con sus vínculos malos o complicados. En “Los pájaros”, el relato que da título al libro, las aves se unen para atacar a los hombres, y lo fundamental es el intento del protagonista de hacer todo lo posible para sobrevivir y salvar a su familia. Este texto es el más distinto del libro, con tintes que nos hacen pensar que estamos ante una obra de ciencia ficción, cuyo tema es el fin o destrucción de la raza humana. Lo fantástico aparece cuando no podemos explicar la conducta insólita de estos animales, pero que en el texto parece estar vinculado con los cambios en las mareas.  

Du Maurier tiene una dedicación a los detalles que hace que todos sus cuentos sean sumamente verosímiles, con personajes bien construidos y con los que podemos identificarnos, a pesar de que casi todos se ambientan en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en alguna región de Inglaterra.

En “Monte Verita”, el relato más extenso del libro, un anciano cuenta una historia sucedida hace varios años atrás, sobre la mujer de su mejor amigo, que se unió a una aparente secta, tras una expedición de montañismo. El protagonista, que no se siente muy conforme con su estilo de vida cómodo, entiende que la joven se haya unido a ese monasterio en la cima de una montaña, en un país extraño y del que no sabemos el nombre. En esta narración, al igual que en algunas de las otras, las rutinas insatisfactorias y las vidas aparentemente vacías hacen presencia. Y el cambio aparece de la mano de lo que consideramos fantástico. En el monasterio las jóvenes adoran a la luna, y se da a entender que son jóvenes y bellas para siempre. Como en otros de sus relatos, la vuelta de tuerca se da al final, y no sabemos qué es lo que debemos pensar: ¿estamos ante textos realistas o ante textos fantásticos? 

Según algunos autores, lo fantástico está precisamente en ese lugar de la duda, de la sospecha, de la no confirmación de los hechos, pero sí de la posibilidad. Más allá de eso, los textos de Daphne du Maurier son inquietantes porque nos hacen cuestionarnos sobre nuestra propia vida, nuestras elecciones, el aburrimiento o la rutina y nos recuerdan que lo central son los vínculos con los otros, la familia y las decisiones que tomamos día a día. 


Daphne du Maurier (1907-1989) fue una autora británica conocida, más que nada, por sus novelas Rebeca (1938)  y La posada de Jamaica (1936)  y su relato “Los pájaros” (1952), todos textos llevados al cine por Alfred Hitchcock.

Aunque era considerada muchas veces por la crítica como una escritora romántica, en varios de sus textos es marcado el terror, el suspenso y el ambiente gótico.

Este octubre Netflix estrenará una nueva versión de Rebeca.

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Aniela Arias

Paraná, Argentina

Categorías en que participa: Artículos, Equipo editorial.

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Profesora en Lengua y Literatura. Ejerce la docencia en nivel medio. Lectora voraz y amante de la literatura de terror.